Cosechadores del cielo: Asaí, majo y palmar real, el regalo de las palmeras amazónicas de Bolivia

De pie frente a una palmera de 20 metros, centímetros más centímetros menos, un hombre reta a la gigante. Sujetado a sogas a manera de arnés, escala por el tallo cada vez más delgado; asciende como una oruga veloz. En menos de cinco minutos está en lo alto de la cima y hábil con el machete corta un racimo de frutos.
En el bosque húmedo y tupido de la amazonia pandina, las palmeras se cosechan casi todo el año: primero el asaí, después el majo y finalmente la palma real. El presidente Luis Arce los calificó como “superfrutos amazónicos” y en octubre pasado anunció la construcción de una mega planta industrializadora en el norte del país con una inversión de 95 millones de bolivianos. Y es que no sólo por sus altos valores nutritivos, sino también por su potencial económico, “los frutos de las palmeras se han vuelto una alternativa para la región amazónica cuyos suelos tienen baja fertilidad y deben ser manejados mediante sistemas agroforestales que contribuyan a la conservación de la biodiversidad”, establece el Observatorio de Frutos Amazónicos y Cambio Climático. Se suma a ello, el exótico sabor del asaí, el majo y la palma real; y el empuje de nuevas generaciones que impulsan su producción con conciencia de conservación del bosque. Ha llegado su tiempo.
Tras la goma y la castaña, los frutos amazónicos
“El asaí, el majo, la palma real siempre se han consumido en Pando, especialmente en el área rural. Pero antes no había conciencia de su valor y tampoco se hacía cosecha sostenible, se volteaban las palmeras para tomar los frutos. Ahora se escalan para no lastimarlas y hay expertos. Ya sabemos la importancia de cuidar y respetar el bosque como fuente de vida”, dice Misael Campos Fernández, presidente de la Federación Departamental de Asaí y Frutas Amazónicas de Pando (Fedafap) que congrega ocho asociaciones con más de 140 productores afiliados. A sus 36 años, es también el presidente la comunidad de Trinchera, donde en 2015 fue uno de los pioneros que apostaron por la producción de asaí, cuando la región dependía únicamente por la castaña.
Después del auge de la goma, durante los siglos XIX y XX que marcó el nacimiento del departamento de Pando, la castaña se ha convertido en el “oro de la amazonia”. Este 2022 Bolivia se consolidó como el primer exportador mundial de ese fruto: “anualmente el país exporta más 25.000 toneladas con un valor de hasta más de 200 millones de dólares. La cadena productiva de la castaña genera cerca de 80 mil empleos en la Amazonía”, según un estudio del biólogo Vincent Vos. “Actualmente las comunidades amazónicas estamos viviendo básicamente de la castaña, pero el bosque tiene otras maravillas que se llaman asaí, majo o palma real. Tiene recursos forestales no maderables, frutos exóticos que van a ser el futuro ya no para nuestros hijos sino para nuestros nietos y sus hijos”, asegura Manuel Lima, histórico dirigente de Pando y fundador de la comunidad Trinchera, a 55 kilómetros del municipio de Porvenir.
Su casa de madera está rodeada de un extenso jardín que llega a los pies del bosque donde crecen libres no sólo árboles de castaña, sino también esbeltas palmeras cargadas de majo, palma y asaí. Este enero volverán los cosechadores, entre los que cada vez hay más mujeres, a trepar hacia el cielo en busca de los frutos Pese a la habilidad y experiencia, la tarea no está exenta de riesgos: alguna vez se quebró el tronco o el viento causó caídas.
“Nosotros siempre hemos vivido del bosque, no lo queremos destruir. Por eso escalamos las palmeras, las cuidamos. Queremos que las personas que lleguen a la Amazonia sepan el valor, la importancia que tiene el bosque para el ecosistema para la biodiversidad, para el medioambiente, para la humanidad porque es el que purifica el oxígeno que todos respiramos”, afirma Lima entre sorbos de café a casi 40 grados. La comunidad de Trinchera es una de las que apostó por diversificar la monoproducción de castaña. En 2015, otorgó a la iniciativa de dos parejas jóvenes un crédito de 7.000 bolivianos para que empezaran un proyecto de recolección de asaí. La iniciativa creció rápidamente con apoyo de ongs como Cipca y Aceaa-Bolivia y recursos concursables del programa de Inclusión Económica Para Familias y Comunidades Rurales (Accesos) y el Fondo Indígena. Hoy, el pueblo cuenta con una planta de procesamiento de frutos amazónicos con licencias sanitarias avaladas, vital para la conservación de la pulpa, que fresca se oxida en días, pero congelada dura hasta un año. Y no es la única: cinco de las ocho asociaciones de la Fedafap ya cuentan con plantas de procesamiento de frutos amazónicos.
“La producción de frutos de palmeras, paralela a la castaña, es una importante opción para las comunidades de Pando. El asaí tiene ya un mercado significativo que se abre también para la palma real; recientemente hubo un intercambio de experiencia con productores de Perú que tienen experiencia en este fruto. Las familias tienen la posibilidad dehacer un calendario de aprovechamiento de los diversos frutos, pues sus temporadas no coinciden. Es importante la conciencia de los propios productores de cuidar el bosque con prácticas amigables como la creación de sistemas agroforestales”, afirma Sandra Rivera, bióloga de Aceaa-Bolivia.
“Superproductos amazónicos”
“La cosecha y recolección de los frutos amazónicos –como el asaí, el majo o la palma real– mejora las condiciones de vida y adaptación de las comunidades frente al cambio climático, ya que este aprovechamiento no genera un impacto ambiental negativo en el bosque”, recalca Rivera. A esa ventaja, se suman sus propiedades nutritivas.
El fruto de la palmera de asaí (Euterpe precatoria) es considerado un excelente energizante gracias a su alto valor nutricional y notable cantidad en macronutrientes (proteínas, glúcidos, lípidos), establece el estudio Frutas amazónicas para mejorar la nutrición en la Amazonía boliviana del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca). Gracias a su alto contenido en antocianinas y otros antioxidantes, es una de las especies con mayor capacidad de absorción de radicales. “En realidad falta más investigación para poder respaldar otros supuestos beneficios del asaí, incluyendo su supuesta capacidad de curar cáncer, mejorar el rendimiento deportivo o la función sexual y facilitar la pérdida de peso”, establece.
El majo, fruto de la palmera Oenocarpus bataua, es usado para preparar “leches” y jugos de forma similar a los productos de asaí. Es un producto muy valorado por su alto valor nutricional gracias a su alto contenido de proteínas de alta calidad, ácidos grasos y fibras. La composición de componentes oleosos y ácidos grasos es muy similar a aceites vegetales saludables como aceite de oliva. La pulpa de majo es rica en minerales como sodio, magnesio y hierro con potenciales beneficios para la regulación de la presión arterial y capacidad de absorción de oxígeno, entre otros, sostiene el estudio de Cipca. La Mauritia flexuosa, conocida en Bolivia con el nombre de palma real, es una de las palmeras más abundantes en la región amazónica. Actualmente es parte de la base alimentaria de las comunidades locales y se utiliza para tratamientos de quemaduras de la piel y reumatismo, según el Estudio y análisis de mercado de palma real, majo y copoazú, elaborado por Aceaa-Conservación Amazónica. “Este fruto cuenta con una reserva alta de betacaroteno (vitamina A) cinco veces mayor comparado con la zanahoria y la espinaca conocidos por su alto contenido de vitamina A, recomendado para dieta de niños y madres gestantes, pues ayuda a la formación y mantenimiento de dientes sanos, tejidos blandos y óseos, membranas mucosas y la piel. Es una de las palmas con mayor número de usos para nuevos productos de alto valor añadido en la industria de alimentos y cosmética por las características fisicoquímicas que contiene”.
La planta de procesamiento de la comunidad de Trinchera recibe los frutos, los lava y procesa. Aceaa – Conservación Amazónica
De Bolivia al mundo
“Los beneficios de los frutos amazónicos son muchos. Por eso queremos llevarlos a todo el país, que se conozcan, que se consuman. Ojalá pronto podamos exportar productos con valor agregado como aceites o chocolates”, asegura Henry Mamani, responsable de la planta de procesamiento de frutos amazónicos ubicada en la comunidad Bernardino Racua en Santa Rosa de Abuna.
Nacido en La Paz hace 27 años, creció en Palos Blancos y migró con su familia siendo niño a la Amazonía pandina como parte de los asentamientos de occidente. “Como todos, en mi comunidad trabajábamos en la castaña; pero es tanto el asaí que hay en el sector que surgió la idea de aprovecharlo. Ahora mismo el que se cosecha se va a Brasil, como materia prima barata”, cuenta Henry. Su interés e investigaciones para producir aceite de asaí, chocolate de majo o “majolate” y sus nuevos experimentos con palma real le han valido entre sus compañeros el apodo de “el científico”.
Para Misael Campos, la investigación es uno de los objetivos del Fedafap, que preside. “Trabajamos para tener una organización consolidada que brinde servicios técnicos y legales a toda la región, para demostrar que la Amazonía en pie tiene más recursos que la cortada. Cuando el bosque empiece a generar economía en el Estado, le vamos a dar más importancia”, asegura.
Después de años de peregrinar por ayuda del Estado y créditos para sus emprendimientos, los productores han recibido con esperanza medida el anuncio presidencial de la millonaria planta de frutos amazónicos. “Como federación cuidamos nuestra soberanía laboral, creemos que el apoyo debería ser directo a los productores, aprovechando el conocimiento ya adquirido en estos años. Aunque hemos tenido apoyo de la Gobernación y ONG, ha sido una lucha lograr los registros sanitarios y acceder a créditos porque el banco pide garantías. Porque somos apolíticos no nos escuchan mucho; pero nuestro objetivo es seguir trabajando, fortalecidos, por nuestras familias y nuestro bosque”, asegura Campos. La despedida llega con un brindis con jugo de asaí, fresquito, que ha recorrido un largo viaje; desde lo alto de la palmera, a la planta de despulpado y de allí a la mesa. Un valioso regalo en el bosque gracias a los cosechadores en el cielo.
*Esta investigación fue realizada en el marco del “Fondo de apoyo periodístico Crisis climática 2022” que impulsan la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático y la Fundación para el Periodismo
Henry Mamani y Misael Campos, de la Fedafap. Liliana Carrillo / Página Siete

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